Ayuntamiento de Villafeliche

Que ver

Qué ver en Villafeliche

Castillo

Villafeliche es una pequeña localidad de menos de 200 habitantes situada en el valle del Jiloca. La población, de trazado angosto, evocadoramente medieval, es cruzada por calle larga que separa el pueblo hacia las huertas y hacia el castillo. Precisamente en la ladera del cerro aún quedan restos de la vieja mezquita, con culto hasta el siglo XVI. Según Madoz (siglo XIX), tenía capacidad para 400 personas.

Por su historia, Villafeliche es un buen lugar para detenerse a recordar el pasado morisco de algunas poblaciones, y de cómo influyeron en la cultura y las actividades comerciales de los siguientes pobladores. A principios del siglo XVII, la población estaba distribuida en dos barrios: el barrio de los cristianos viejos y el de los nuevos, al que habitualmente se le denomina morería. La división entre ambos estaba en la actual calle del Hospital que va de la calla Mayor a la calle Alta; toda la población hacia el sur era morisca, y se ha conservado la estructura de las calles, la distribución de las casas, la altura y algunos nombres: el «almacabre», antiguo cementerio islámico, o  plaza Era Jámila, lugar donde, según Isabel Álvaro, se apilaban las aceitunas durante la molienda.

Nuestra visita puede iniciarse en el castillo, al que podemos acceder desde la calle del Calvario, que es en sí una singularidad, pues en cada estación de su viacrucis hay una capilla o un pequeño panteón, costeados por las familias pudientes de la localidad. El castillo actual, hoy en ruinas, si bien construido sobre la base de uno anterior islámico, data del siglo XIII o XIV. Las vistas del valle que desde allí se contemplan justifican la subida.

Ya en el pueblo, veremos algunas esculturas dedicadas a una de las grandes tradiciones de la villa: la alfarería, cuya tradición se remonta al periodo islámico. En la pequeña plaza mayor se encuentra encajonada la iglesia de San Miguel, barroca (siglo XVII), de ladrillo y tapial, y una esbelta torre mudéjar.

Pero buena parte de los atractivos de Villafeliche se encuentran en su rico valle, donde se ubicaron numerosos molinos de pólvora. La producción de pólvora surgió en el siglo XVI, y ya en 1764  había en funcionamiento 165 molinos polvoreros, cifra que aumentaría más de 200 en el siglo XIX. El conjunto formaba las Reales Fábricas de Pólvora. Tras cumplir un papel fundamental en los Sitios de Zaragoza durante la Guerra de la Independencia, en 1830 el rey Fernando VII cerró sus Reales Fábricas. Actualmente se ha instalado un pequeño centro de interpretación en uno de esos molinos que explica  a los visitantes la importancia de esta industria y el proceso de fabricación de la pólvora.

Naturaleza

El río Jiloca

Villafeliche se encuentra en el tramo bajo del río Jiloca que, en poco más de 20 kms al llegar a Calatayud, desemboca en el río Jalón. Tradicionalmente se considera que nace en los Ojos de Cella y sus aguas apenas cuentan con regulación (salvo la del río Pancrudo, su único afluente considerable).

Las muelas del Jiloca

La aridez de las muelas del Jiloca contrasta con su alto valor ecológico integrado en la Red Natura 2000 (LIC y ZEPA), cuyos paisajes modelados en yeso y caliza son el refugio de muchas especies como la cabra montesa o aves esteparias como la alondra de Dupont.

Naturaleza

Pinares y monte bajo

Buena parte de la superficie municipal se encuentra cubierta por monte bajo con matorral mediterráneo. Con el paulatino abandono de los campos menos rentables el paisaje forestal recupera lentamente sus dominios. En la zona oriental destacan los extensos pinares de reforestación que se extienden hasta Daroca y hacen las delicias de los aficionados a los hongos.

Sotos y riberas

Si bien el río Jiloca aguas abajo de Villafeliche aparece muy «domesticado» entre campos de frutales, remontándolo dirección a Murero ofrece su aspecto más natural con frondosos bosques de galería y sotos de chopos, fresnos, sauces, olmos…

Paisaje agrícola

Al llegar a Villafeliche tras atravesar el estrecho paso a Murero, el valle del río Jiloca se ensancha de nuevo y las generosas aguas del río Jiloca permiten el desarrollo de una fértil vega a través de centenarias acequias.

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